Mafia 2
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Mafia 3
Siempre fue despreciada, humillada y golpeda por su familia, su primer recuerdo es como su abuela se da la vuelta, mientras lava sus trastes y ella automáticamente se cubre con los brazos, no quiso hacerlo, nunca quería provocar tristeza en los ojos de la persona que era la única que la quería y que no podía protegerla, ¿Cómo podría si ya no tenía la fuerza? Ella lo sabía, su abuela la entendía, pero ¿Que le podía decir? Nada aún. Sedio la vuelta con lágrimas en los ojos y siguió lavando los trastes. Ella se miró las manos carcomidas por su ansiedad. Incapaz de borrar la tristeza que le provoco.
– Vete a jugar, mi niña – le dijo su abuela sin volverse, mientras engabonaba un plato donde habían comido carne hace rato.
Ella asintió y se fue asu cuarto donde estaban los antiguos juguetes de su hija mayor, una contadora exitosa que acababa de hacerse unos exámenes para tener un bebé, esa idea la ilusionada mucho, sería como esperar un hermano o hermana, aunque fuera su primo o prima, según le había contado su abuela. Ella sintió por primera vez esperanza de poder ser feliz. Aunque tuviera que regresar a esa casa donde la odiaban tanto que nadie le daba amor. Dónde recibía golpes en vez de caricias, dónde le gritaban en ves de hablarle con cariño, dónde nadie la miraba como sus abuelos, el único lugar seguro dónde se sentía en paz. Porque al menos ahí, sabía que nadie la atacaría ni verbal, ni físicamente.
Porque en su otra casa, con sus padrastros, con sus hermanastras, que eran sus tíos por parte de su padre biológico fallecido, solo recibía malos tratos. Castigos sin razón aparentemente, por ser culpa de una infidelidad.
Ella no pidió nacer.
Ella no pidió que su madre, al morir su padre la dejara en una casa donde nadie la querría y la castigarían por el resto de su vida.
Dónde solo conoció el desprecio y el llanto.
Dónde nadie acudió asu ayuda, cada noche cuando la maltrataba y torturaban.
Dónde gritaba hasta quedarse sin voz y cubrían su boca para acallar sus gritos de dolor y llanto.
A veces deseaba morir.
A veces se aferraba a vivir.
Pero a veces le pedía al cielo, aquel al que su abuela creía, que hubiera alguien que la quisiera en este mundo y que fuera un amor que nadie le daba.
Ella no quería dinero como su tía la contadora, como sus abuelos los jubilados, como sus primos que vivían el sueño américano.
Ella quería ser amada.
Unfold
Kalina
Uno espera tener un día tranquilo. Nunca sucede. El terror de mi mejor amiga se acerca con una cara de satisfacción que no me gusta.
— Liv.
— ¿Se te olvidó? —pone su cara de decepción.
— ¿Qué cosa? —Bufa.
— Iríamos a la playa.
— Tengo mucho trabajo.
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